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Malas Experiencias

Aunque lo que prima es disfrute en cualquier dirección que vayamos, también pueden ocurrir imprevistos y hasta situaciones que no las queremos para nada en nuestras vidas. Aquí narraremos esos momentos que inevitablemente tuvimos que vivir y que, a pesar de que siempre nos dejan al menos una enseñanza, desgraciadamente fueron tragos amargos que tuvimos que enfrentar.

Un Río Precioso que No Pudimos Disfrutar

Por Juan Carlos Ocaña

Éramos tres los que fuimos a este río con la intención de pasar un rato agradable (Abude, Laura y yo), y cuando solo llevábamos unos pocos minutos allí, comenzó lo que ha sido hasta ahora la peor experiencia en México.

Sin haber podido terminar de hacer todas las fotos que quería de este lugar, de pronto empezaron a llover piedras y piedras y no sabíamos de dónde venían, lo que sí sabíamos era que venían hacia nosotros y que picaban MUY cerca. Solo podíamos ver como de repente algunas hojas de los árboles comenzaban a volar y un instante después cada piedra estrellarse en el suelo, las rocas o el agua. No sabíamos si las lanzaban a mano o estaban usando tira piedras, y por mucho que tratamos, no lográbamos ver a esos que sin conocerlos ya empezábamos a odiar más que a nada.

Por el momento no nos quedó otra que correr a toda velocidad por el terreno rocoso e inclinado que teníamos como única vía de escape. A medida que seguíamos río abajo nos percatamos que quienes las tiraban estaban arriba de nosotros más o menos a unos 50m, y que el ensañamiento era tal que también se iban desplazando paralelamente a nosotros sin que la geografía sinuosa del cañón del río nos permitiera librarnos del inminente peligro.

Decidimos entonces subir lo más rápido posible entre la vegetación espesa sin tener el cuidado que hubiéramos tenido en una situación normal; nos vimos obligados a dejar a la suerte el atravesarnos en el camino de alguna especie de serpiente o de araña venenosa. El estar en una posición más ventajosa era vital, y si continuábamos corriendo allá abajo íbamos a seguir siendo presas de algún o algunos psicópatas que aún no dejaban de tirar piedras.

Sofocados por la tremenda inclinación del terreno pudimos llegar a un pequeño farallón que nos sirvió de escudo, al menos temporalmente. Pudimos quedarnos allí y esperar, pero no sabíamos si ese o esos enfermos mentales estaban bajando para acercarse más a nosotros. Justo al lado de esa pared vertical continuaba el plano inclinado, y fue allí donde nos llevamos la mayor sorpresa dentro de toda esta locura. Ya no bastaba con tirar piedras pequeñas, por esa pendiente comenzamos a ver rodar rocas y rocas de tales dimensiones que era imposible que un ser humano las pudiera haber cargado; definitivamente estaban empujando a patadas desde la cima todo lo que pudiera hacer el mayor daño posible; solo en películas había visto yo semejante escena.

Acordamos que Laura se quedara protegida debajo del farallón y Abude y yo comenzamos a subir ya casi sin fuerzas por ese plano inclinado que parecía interminable, y por el que seguían apareciendo de la nada otras rocas de similares dimensiones. Esquivándolas a como podíamos logramos desplazarnos un poco en sentido contrarió al trayecto que hasta el momento llevábamos. Por primera vez los lanzamientos se alejaban de nosotros, aunque debían estar pasando por encima del lugar donde aún estaba Laura. Luego de una pausa para recuperar energía y oyendo como aún seguían rodando rocas cañón abajo, logro dar los últimos pasos hasta la cima, pero esta vez hacia las voces que ya empezaba a oír. Sin pensarlo en ese instante y tratando ahora de razonar fríamente, creo que cometí el peor de los errores, solo que de pura suerte salió bien. Les salí de repente a unos 15m de distancia a los dos autores de esta película que estaba ocurriendo en la vida real sin siquiera haber cogido yo una piedra o un palo. Para colmos lo que primero veo es que cada uno tenía un machete y parecían en ese momento estar entre los dos empujando una roca para llevarla al borde con el fin de dejar caer una más de las tantas que estaban tirando.

Aún no me habían visto, pero yo les quedaba a un costado, así que en cuestión de segundos me iban a ver, por lo que el instinto me hizo lanzar un grito más ruidoso que todas esas rocas juntas y a la vez cometer otro error que de milagro también salió bien. Simplemente empiezo a dar el primer paso con la idea de comenzar a correr hacia ellos mientras terminaba mi grito de guerra. Pero creo que solo pude dar la mitad de un paso, porque al voltearse ellos hacia mí y antes que yo pusiera el pie en el suelo, me doy cuenta que se trataba de un par de adolescentes que en ese preciso instante se acababan de llevar un tremendo susto. La expresión de sus rostros solo me permitía ver a dos niños haciendo travesuras y entrar en total pánico, aunque la estatura y el recuerdo de todo lo que acababa de suceder me impulsaban a comérmelos vivos. El milagro dejó de ser milagro, sucedió lo más lógico y a la vez lo más conveniente para todos, los dos psicópatas con caras de niños y cuerpos de hombres también por instinto se esfumaron en una carrera sin control al ver alguien mayor con la cara de rabia que debí haber tenido yo, también sin control. Mientras se perdían en la maleza con mil tropiezos y casi sin levantar el torso, tal vez pensando que las piedras ahora llovían sobre ellos, solo me dio tiempo a decirles “les vi las caraaaaasss”.

Es increible como una comunidad tan hospitalaria, tranquila, agradable y hermosa como la de Xico Viejo de un momento a otro se convierta en un infierno por el descontrol de un par de adolescentes. Según nos cuentan allí, resulta que estos muchachos han hecho este tipo de cosas y peores ya en varias ocasiones; han robado, han asaltado y han intimidado a visitantes y no visitantes, incluyendo escenas como las que tuvimos que vivir nosotros. Es increíble que por solo un par de niños se pierda la calma y la paz de todo un pueblo que mejor no puede ser. Aunque los residentes de allí nos mostraron en varias ocasiones su apoyo y el rechazo total a este tipo de delitos, vemos que no pueden con este tipo de situaciones. Aunque las autoridades fueron informadas, la impresión que nos llevamos fue que poco o nada harán por el momento por poner un freno a estos a los que ya se les puede catalogar de delincuentes. De allí nos fuimos dos días después confiados de que con nosotros más nada iba a pasar y así fue, pero aunque advertimos a unos cuantos viajeros que frecuentan esa zona, lo más triste es que casi estamos convencidos de que actos así seguirán sucediendo y sobre todo vemos que el mayor de los problemas lo sigue teniendo y lo seguirá teniendo la gente tan buena y cariñosa que vive allí.